
Y agarremos ese libro. Empecemos a leerlo y dejémoslo botado faltando solo 100 páginas para completarlo.
Busca un suspiro pequeñito para que te sientas ligeramente mejor, y derrótate con una angustia de nunca saber cuando, como y donde llegará la huevada que tu crees que es ideal.
Mira las fotos que te recuerdan a la niñez, cuando no te preocupabas en cosas tan sangrientas y oscuras. Cosas que no tienen relevancia. Donde tu dios era tu padre y tu viejita era la protectora de todo tu ser. Donde tus hermanos eran los verdaderos y únicos compañeros que necesitabas. Y uno que otro amiguito de barrio con el que jugar pelota o con carritos de juguetes era la gloria máxima del mundo. Y bueno, tal vez ella, la tierna niñita que te mandaba sonrisitas mientras tu, con tu polo embarrado de helado de chocolate, te escondías de la vergüenza tras tu abuelita.
Tan puro.
Siempre abra un antes y un después. Algo retocado, algo fabricado por tu propia mente. Tu ingenio, tu creatividad…para lo bueno y lo malo
(…)
El invierno y los cigarrillos. El rock and roll y tus sabores raros.
Lo ojos que buscas para que te observen y las bellezas que no están ahí, y esperas sentado mientras el humo desaparece.
Te olvidas.
¡Ok! prefieres no pensar en nadie, seguir tranquilo, ocupándote en la monotonía de tu vida. Centrándote en solo estar al lado de lo que mas te gusta. Solo al lado y no dentro. Olvidándote de los sueños y aventuras que aun esperas tener.
Buscando alguna buena señal para decir basta. Y la experiencia parece que no te ha servido de nada. Y quieres estar sin pensar en nadie.
Y leamos ese libro: un buen Borges o a Vargas Llosa. Algo de filosofía y si no estas cansado llegar a la metafísica. Pero no dejarlos a un lado, terminar…terminar los capítulos y seguir buscando algo. Una historia mejor.
Hoy, al final, solo crees que el amar es como el final de un buen libro.
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